martes, 6 de octubre de 2026

Y EL MAR MIDIÓ SUS FUERZAS CON LA FE MUNICIPAL

En un conmovedor tributo a la impredecible fuerza de la naturaleza —y a la eterna fe de los arquitectos de balnearios—, la última sudestada decidió remodelar sin previo aviso, sin licitación pública y con absoluta violencia la rambla peatonal de Monte Hermoso.

Lo que hasta el fin de semana pasado era un prolijo paseo para tomar mate en chancletas mientras se mira el atardecer, hoy se parece sorprendentemente a un parque temático de restos arqueológicos del siglo XXI. El viento del sur y las olas furiosas entraron como cliente apurado en hora de cierre, arrancando baldosas, reventando barandas y dejando el deck de madera flotando rumbo a la Antártida.

"Habíamos pedido un toque más marino para el paseo de la costanera, pero creo que el mar se lo tomó demasiado literal", comentó entre risas y resignación un vecino que miraba los escombros con un termo bajo el brazo, probablemente evaluando si el seguro cubre "rediseño hidráulico no solicitado".

Ante semejante demostración de interiorismo oceánico, las autoridades locales no tardaron en reaccionar. Tras enviar a una comisión de ingenieros a mirar fijamente los pozos con las manos en los bolsillos y hacer el clásico chasquido de lengua que presagia un presupuesto abultado, ya se anunció el plan maestro de reconstrucción.

¿En qué consiste la majestuosa estrategia?

  1. Reconstruir exactamente igual: Porque nada dice "superación personal" como volver a colocar las mismas baldosas en el mismo lugar donde el Atlántico demostró, con datos empíricos, que le molesta que estén.

  2. Hormigón armado con fe: Se contempla usar un cemento súper resistente, de ese que promete durar mil años... o al menos hasta la próxima sudestada de primavera.

  3. Cartelería preventiva: Para abaratar costos de infraestructura, no se descarta incluir señales que adviertan: "Rambla válida solo para días despejados. En caso de sudestada, retirarse o sostener el piso".

  4. Que se hagan cargo los frentistas: Cobrarle la obra de remodelación y construcción de la contención y paseo costanero a los frentistas, antes de que alguna sudestada ingrese a los sotanos y primeros pisos de sus edificios correspondientes

Por lo pronto, la rambla permanecerá cerrada mientras cuadrillas de trabajadores juntan los pedazos del orgullo local. Mientras tanto, el mar descansa tranquilo en la costa, satisfecho con su obra y esperando pacientemente a que terminen la obra de reconstrucción para volver a medir fuerzas.

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