Anatomía del fanatismo criollo: Guía definitiva para distinguir a un Kirchnerista de un Libertario sin morir en el intento
Argentina, ese maravilloso laboratorio social donde las ideologías no se discuten, se profesan con fervor de culto pagano. En este rincón del mundo donde el debate político tiene el mismo nivel de sobriedad que una cancha de fútbol un domingo a la tarde, dos tribus urbanas dominan actualmente el paisaje nacional: los Kirchneristas y los Libertarios.
Aunque ambos juren estar en veredas opuestas de la galaxia, comparten una habilidad fascinante: la capacidad sobrehumana de explicar absolutamente cualquier problema cotidiano echándole la culpa al bando contrario. Sin embargo, para el observador desprevenido, distinguirlos puede ser un desafío. A continuación, un manual de campo para identificar a cuál de estos dos especímenes tenés enfrente.
1. El Cosmos: ¿Quién mueve los hilos del universo?
El Kirchnerista: Vive en un drama épico continuo donde el mal adopta formas corporativas. Si sube el precio de la yerba, no es inflación; es un "golpe de mercado" perpetrado por el FMI, la embajada de EE.UU., los medios hegemónicos y la oligarquía vacuna. El kirchnerista promedio no va a la verdulería: va a resistir el embate de los "formadores de precios".
El Libertario: Vive en una distopía donde el mal es una masa amorfa llamada "Estado omnipresente". Si te tropiezas en la vereda, la culpa no es de tus cordones, sino del regulador municipal de baldosas. Para el libertario, el universo se rige por las leyes sagradas del Mercado, un ente benevolente que, si lo dejás actuar tranquilo, no solo va a fijar el precio de la leche, sino que va a barrer el patio de tu casa y pasear al perro.
2. Libros Sagrados y Próceres
El Kirchnerista: Su altar combina la liturgia peronista clásica con el progresismo del siglo XXI. En su biblioteca no puede faltar La Razón de mi Vida, una foto con filtro de Eva Perón y un póster de Cristina mirando hacia el horizonte con dignidad infinita. Cada frase de su líder es analizada como si fuera un escrito hermético en arameo.
El Libertario: Su Biblia viene en varios tomos escritos por austríacos de nombres impronunciables que murieron hace décadas y que jamás pisaron La Matanza. Te va a citar a Rothbard o Hayek en medio de un asado, mientras te explica apasionadamente por qué las calles deberían ser privadas y por qué pavimentar una avenida es un acto de tiranía estatal.
