¡Insólito suceso en las calles bahienses! En lo que algunos ya califican como el cruce definitivo entre Pasión de Gavilanes y El Padrino, las apacibles calles de Bahía Blanca se convirtieron en el escenario del duelo del Lejano Oeste que nadie pidió, pero que la inseguridad amablemente nos regaló.
Todo ocurrió en la zona de Richieri al 1600, donde la paz barrial fue súbitamente interrumpida no por un escape ruidoso de moto, ni por un auto tuning con la música al taco, sino por el inconfundible y elegante trote de los cascos de un caballo. Arriba del corcel no venía el Zorro ni un cartero del siglo XIX, sino un "vaquero urbano" bastante menos poético: armado hasta los dientes y con pocas ganas de entablar un diálogo constructivo en una disputa vecinal.
Sin mediar palabra —porque para qué gastar saliva en diplomacia cuando se tiene tracción a sangre—, el jinete desenfundó un arma de fuego y abrió fuego contra un joven de la zona. Ante semejante despliegue de caballonería táctica, la víctima no tuvo más remedio que corroborar que, efectivamente, en pleno año 2026 los tiroteos a caballo siguen siendo una realidad tan peligrosa como insólita.
Por supuesto, la Policía no tardó en desplegar un operativo para dar con el paradero de nuestro "John Wayne" local. La investigación, que presuntamente incluyó seguir las pisadas de bosta y preguntar a los vecinos si habían visto pasar a Clint Eastwood con mate en mano, dio sus frutos rápidamente.
Poco después, la fuerza policial procedió al allanamiento del domicilio del jinete. Para decepción de los amantes de la historia, dentro de la vivienda no se encontraron carretas, ni sombreros de ala ancha, ni establos victorianos, sino pertenecias que llevaba cuando delinquió e identificaron al caballo, quien quedó a disposición de la Justicia.
Afortunadamente, las autoridades lograron desactivar esta amenaza ecuestre antes de que el sujeto decidiera armar una caballería o sitiar la plaza Rivadavia. Por ahora, los vecinos de la calle Richieri pueden volver a respirar tranquilos, sabiendo que al menos por un tiempo, los únicos caballos que verán serán los de la televisión.