Bahía Blanca es una ciudad famosa por muchas cosas: el básquet, la ría, el viento constante y, por supuesto, por albergar el Encuentro Nacional de Artesanos. Año a año, artesanos de Jujuy a Tierra del Fuego cargan sus camionetas con cerámica, cuero, sahumerios y platería, viajando miles de kilómetros con una ilusión intacta. Lo que muchos de ellos tardan varios años en entender es que no están viajando a una feria artesanía: están asistiendo al mayor aluvión y ventisca fria que puede demostrar el cambio climatico en el sudoeste bonaerense.
Existe una ley no escrita en el manual de física moderna que dice: a mayor concentración de platería, duendes de resina y puestos de macramé en la Plaza Rivadavia, mayor es la probabilidad de que se abra el cielo y caiga un diluvio de proporciones bíblicas.
El cronograma meteorológico oficial de la feria
Para los bahienses ya no es necesario consultar el servicio meteorológico; basta con ver la estructura de los puestos instalados para saber qué abrigo o bote inflable preparar:
Jueves de armado: Un sol radiante y 25 grados. El artesano mendocino le comenta al artesano salteño: "Qué linda ciudad, che, qué apacible".
Viernes a la tarde: El viento patagónico despierta de su siesta a 80 km/h. La carpa central de cuero comienza a tomar sustentación y aerodinámica, amenazando con despegar rumbo a La Pampa.
Sábado (día clave): Lluvia torrencial, granizo y un descenso térmico de 15 grados en cuatro minutos. Los duendes de madera empiezan a flotar suavemente por el centro bahiense.
Domingo de cierre: Calma chicha, sol radiante... justo cuando la feria ya levantó sus puestos y los artesanos van en viaje de vuelta congelados y secando sus ponchos con la calefacción del auto.
¿Maldición ancestral o fenómeno microclimático?
Científicos locales han intentado teorizar sobre este fenómeno sin éxito. ¿Acaso los sahumerios de palo santo generan una condensación acelerada en la estratósfera bahiense? ¿Existe un complot entre el viento, las nubes y el gremio de fabricantes de impermeables?
La teoría más firme sostiene que Bahía Blanca posee un termostato de venganza. En cuanto el viento detecta que alguien intenta vender una delicada pieza de vidrio soplado al aire libre, activa el "modo vendaval" para poner a prueba los reflejos y la fe del vendedor.
Un clásico que ni la tormenta puede parar
A pesar de que cada edición requiere botas de goma, capas de lluvia y la destreza de un marinero en alta mar para sujetar los toldos, los bahienses seguimos yendo. Salimos con campera, paraguas (que morirá aplastado por el viento a los tres minutos) y las ganas intactas de tomarnos un mate helado por la lluvia mientras compramos una tabla de asado u otra artesania..
Así que, estimado artesano que visita nuestra ciudad: bienvenido. Disfrute su estancia, asegure su carpa con estacas de medio metro, tómelo con humor y, por las dudas... traiga un piloto.
