Crónicas de un ciudadano atrapado en el perverso sistema médico.
Por Aldo Isidoro (o cualquier columnista que aún conserve algo de salud mental)
Hay hombres que escalan montañas. Otros cruzan océanos en solitario. Algunos incluso se animan a hacer trámites en organismos públicos sin perder la compostura.
Y después está Roberto. Roberto hizo algo todavía más arriesgado: decidió atenderse en el sistema médico.
Todo comenzó con un dolor de rodilla. Una molestia menor, de esas que aparecen con la edad o un esfuerzo innecesario y que antes se solucionaban con reposo, una pomada y el consejo de una tía experta en remedios caseros. Pero Roberto eligió el camino de la ciencia.
Grave error. El primer síntoma no fue el dolor. Fue la búsqueda de un turno. Ingresó al portal de la obra social y descubrió que la página había sido diseñada por un comité integrado por programadores, filósofos existencialistas y enemigos declarados de la humanidad.
Después de validar su identidad, confirmar su correo, cambiar su contraseña y demostrar que no era un robot, el sistema le informó que no existían turnos disponibles hasta una fecha que todavía no ha sido reconocida por el calendario gregoriano.
Intentó llamar por teléfono. Tras escuchar cuarenta minutos de música instrumental que parecía compuesta para torturar prisioneros de guerra, una amable operadora le explicó que debía realizar el trámite por internet.
Volvió a la página. La página lo envió al teléfono. El teléfono lo envió a la página.
Así descubrió una de las leyes fundamentales de la medicina moderna: el paciente es derivado incluso antes de ver al médico.
Finalmente consiguió una consulta. El profesional le tomó la presión y consideró que estaba un poco alta, recetandole pastillas BAJATAN 80 a tomar dos veces al dia y observó la rodilla con la concentración de un astrónomo analizando una galaxia lejana. Por ahora, tómese RODILLINA 50 CON PIRDINOL que le receto para que le calme el dolor.
Luego emitió el esperado veredicto: "Habrá que hacer estudios." Aquellas cuatro palabras marcaron el inicio de una aventura extraordinaria.
Llegó la resonancia. Después la tomografía. Luego la ecografía. Más tarde los análisis. Después otros análisis para confirmar los análisis anteriores. Se le estaba yendo el dolor de rodillas, pero ya que pagaba la obra social, la aprovechó para hacerse esos estudios.
Finalmente le indicaron estudios destinados a interpretar los resultados de los estudios que habían interpretado los primeros estudios. Mientras tanto, la rodilla comenzó a doler cada vez menos. Pero no dejó las RODILLINA 50 por las dudas.
El sistema médico, en cambio, seguía trabajando. Cada especialista examinaba atentamente la montaña de informes acumulados y concluía exactamente lo mismo que su colega anterior:
"Por las dudas, hagamos otro estudio."Roberto ya no era un paciente. Era un proyecto de investigación.
Su historial clínico alcanzó tal volumen que, de ser encuadernado, habría competido en tamaño con algunas novelas de Tolstói.
Llegó entonces el gran día. Meses después, rodeado de carpetas, autorizaciones y órdenes médicas con más sellos que un pasaporte diplomático, recibió el diagnóstico definitivo.
"No encontramos nada." La noticia fue celebrada como un triunfo de la medicina. Y probablemente lo era.
Después de todo, se habían necesitado ocho profesionales, doce autorizaciones, tres ventanillas, una resonancia, dos ecografías y una cantidad indeterminada de cafés para demostrar científicamente que Roberto estaba sano.
Sin embargo, cuando se disponía a recuperar su libertad, escuchó la frase más temida. "Lo vamos a citar para un control." "¿Por qué?" "Para verificar que sigue sin tener nada." Se hizo un análisis de sangre donde el médico le descubrió un poco alta la glucosa y le recetó METFORMOSIS 1000 dos veces dia.
Y así terminó esta historia. A esar de tomar tres medicamentos, dos dos veces por día, hoy Roberto camina normalmente. Corre. Sube escaleras. Hace su vida con absoluta normalidad.
La rodilla ya no le duele. Lo único que le provoca sufrimiento es escuchar las palabras "autorización previa", "turno disponible" o "vuelva el mes que viene". La próxima vez que sienta algo, seguro se va a internar en un hospital publico donde los medicos residentes de allí, seguramente lo trataran como a un paciente y lo curarán, pero pedir turno al perverso sistema medico, farmaceutico, estudios medicinales y de obras sociales,, JAMAS!