VER FOTOS El Balneario Epecuén, ubicado en la provincia de Buenos Aires, Argentina, fue durante gran parte del siglo XX un destino turístico de renombre internacional, considerado uno de los lugares más emblemáticos de la región. Su atractivo principal radicaba en las aguas del lago Epecuén, cuya salinidad extraordinaria rivalizaba con la del Mar Muerto, convirtiéndolo en un centro de salud y bienestar muy apreciado por quienes buscaban alivio para diversas dolencias, como el reumatismo y problemas cutáneos. Muchos elegian Epecuen durante sus vacaciones, por su infraestructura moderna para la época.
En su apogeo, especialmente entre las décadas de 1940 y 1970, Epecuén brillaba como un refugio de elegancia y diversión. Contaba con hoteles de lujo, restaurantes, balnearios y una infraestructura diseñada para atender a miles de turistas. La vida social del balneario era vibrante, con espectáculos, bailes y eventos culturales que atraían a visitantes de todas partes, deseosos de experimentar el encanto de este oasis.
El ambiente era mágico: las aguas reflejaban un cielo diáfano, mientras las tardes se llenaban de música y risas. Familias enteras disfrutaban de sus vacaciones en un entorno donde la naturaleza se conjugaba con la arquitectura moderna, dando lugar a una experiencia inolvidable. A solo unos metros de alli, se encuentra la hermosa ciudad de Carhué.
Sin embargo, la historia de Epecuén dio un giro trágico en 1985 cuando una inundación devastadora sumergió al balneario bajo las aguas del lago. Los edificios, las calles y los recuerdos quedaron ocultos bajo el manto de agua salada, marcando el fin de su esplendor y convirtiéndolo en un pueblo fantasma. En su momento, años después de la inundación, se realizó un anfiteatro con un gran escenario, donde funcionó el recordado festival Epecuén Rock, con grandes artistas invitados, a orillas del lago, donde el publico se bañaba y esperaba el inicio del festival. Desde la orilla se podian ver algunas ruinas que sobresalian del agua. Aunque con el tiempo las aguas retrocedieron, dejando expuestas las ruinas. Epecuén nunca volvió a ser lo que fue.
Hoy, las ruinas del balneario se han convertido en un destino turístico para quienes buscan explorar su historia y contemplar la melancólica belleza del lugar. Epecuén sigue siendo un símbolo de nostalgia y un recordatorio de la fugacidad de la gloria.