Gran Premio de la Desorientación: Colapinto inventa un nuevo trazado y termina la carrera antes de tiempo
Franco Colapinto volvió a ser el centro de todas las miradas este sábado, aunque esta vez no por un sobrepaso magistral ni por romper los relojes en la clasificación, sino por demostrar que la gravedad y la física de los neumáticos siguen siendo leyes rotundas que no aceptan negociaciones en el asfalto.
Transcurría la carrera cuando el joven piloto argentino decidió que las curvas tradicionales propuestas por los ingenieros del circuito resultaban demasiado aburridas. Con la audacia que lo caracteriza, intentó una maniobra que combinó el espíritu de una frenada tardía con la trayectoria de un proyectil sin guiado láser. El resultado fue una lección magistral de cómo convertir a varios monoplazas de millones de dólares en una obra de arte estático contra el guardarraíl en cuestión de milisegundos.
"El auto venía respondiendo bien hasta que doblé como un campeón y varios autos mal piloteados (incluso mi compañero de equipo) mas el imbecil del muro se me vino encima de forma totalmente imprevista" -Declaro nuestro Idolo.. Sin embargo, la telemetría confirmó lo que todos vieron desde la comodidad del sillón: una muestra impecable de "fe ciega", donde la física le recordó al argentino que dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, especialmente otros autos,, mas si uno de ellos es una pared de concreto de dos toneladas.
El equipo en el box recibió la noticia con esa clásica mirada de mil yardas, mientras los mecánicos ya preparaban las herramientas y el café para la larga sesión de chapa y pintura que les espera. La grúa, por su parte, se anotó la asistencia más rápida de la tarde, rescatando el auto con una delicadeza que contrastó bastante con el ímpetu de la maniobra original.
Por suerte, Colapinto salió ileso del monoplaza, caminando por sus propios medios pero con el casco firme para evitar que la prensa leyera sus labios. Hoy será otro día para analizar los datos, ajustar la telemetría y, sobre todo, recordar que las paredes no se corren cuando uno les pide permiso.