La "Supercopa Internacional" del Sueño: Estudiantes y Rosario Central Paralizan al Mundo (o al Menos a Sus Propios Hinchas)
En una jornada que sin duda quedará grabada en los anales del fútbol argentino —y posiblemente archivada bajo la etiqueta de "insomnio colectivo"—, Estudiantes de La Plata y Rosario Central se vieron las caras en el postergado trofeo de la Recopa/Supercopa de la Liga Profesional.
El encuentro arrancó con una intensidad sobrecogedora: durante los primeros quince minutos, ambos equipos desplegaron una táctica hiperdefensiva basada en revolear la pelota al espacio donde habita el vacío. La brujería táctica estuvo a la orden del día: Estudiantes apeló a la mística, a los centros picantes de 40 metros y a la infaltable presión al árbitro ante cada saque de banda. Rosario Central, por su parte, decidió homenajear al mismísimo Rosario Canalla aplicando el clásico método de aguantar el resultado desde el minuto cero y confiar en que algún milagro en forma de pelota parada quebrara la monotonía.
El plato fuerte del partido llegó, como era de esperarse, a través de la vía más "espectacular" posible: la pelota parada. En una jugada de laboratorio que pareció haber sido ensayada en la década del 70, la pelota rebotó sucesivamente en tres defensores, en el árbitro y en la espalda de un delantero desatento antes de cruzar agónicamente la línea de gol. La hinchada del pincha explotó en un llanto colectivo, mitad alegría, mitad alivio porque el trámite por fin se encauzaba.
Central intentó la heroica sobre el final tirándole centros a cualquier persona que midiera más de un metro ochenta, pero la defensa pincha activó el modo "muro de contención" y consumió los últimos diez minutos entre calambres misteriosos, cambios tardíos para aplaudir al alcanzapelotas y protestas interminables por faltas inexistentes. Pero el Fideo, una vez de tiro libre y otra de jugada los vacunó dos veces. Hubo un tercero y quedaron 3 a 1.
El pitazo final trajo consigo la gloria: un nuevo trofeo de latón para la vitrina de Di Maria, digo de Rosario, festejos en la cancha con camisetas al viento y las infaltables declaraciones de vestuario donde los protagonistas aseguraron, sin ponerse colorados, que fue "un triunfo del buen juego y la paciencia táctica". No asi lo consideró el Pela Verón que entró al campo de juego a agarrarsela con el árbitro. El fútbol champagne, como siempre, nos tendrá que esperar en la próxima fecha.