Hoy en día todos tenemos un celular y por más viejo que sea, con una suficientemente buena cámara de fotos. Andamos con el encima la mayor parte del día. Sacamos fotos a cualquier novedad que vemos, a los accidentes, a las manifestaciones, a las peleas (en vez de separar o ayudar, sacamos fotos y las subimos a nuestra red social preferida para hacerla viral). O sea que, sin querer serlo, somos los primeros que publicamos un video o foto on line de una noticia veraz, de periodismo informativo, solo nos faltaría el comentario, también veraz de lo sucedido, pero eso quedaría a cargo de los usuarios de dicha red, qué según su opinión o estado de ánimo, comentarían.
Pero,
como todos sabemos, en las redes sociales hay de todo. Gente que comenta a
favor, otros comentan en contra, algunos aprovechan para destilar un poco de su
veneno, otros hacen comentarios humorísticos y otros que trasladan ese suceso a
la política. Entonces, uno espera que ese video o foto salga en un noticiero “serio”
digamos, confiando que nos van a informar nada más, pero descubre que el
periodista de turno da su opinión del hecho, o la opinión del medio en que
trabaja, si se puede incluir en la política, ya dejando de lado el periodismo
informativo y convirtiéndolo en el de opinión. De manera que cualquier hecho
que documentamos visualmente nosotros es comentado con distintas opiniones.
Jamás
vas a escuchar a un “periodista estrella” (Feinman, Viale, Dugan, Silvestre,
Trebuc, Majul, etc,) comentar algo sin
intención de imponer su opinión o la de su medio. Los noteros que envían a las
marchas o manifestaciones deben buscar un interlocutor antagonista a la opinión
de medio o de su periodista, para que no lo dejen hablar y desde los estudios
se muestren enojados con el manifestante. Lejos de realzar el periodismo, son
unos impresentables militantes. No obstante, los medios y periodistas de
opinión son mantenidos por la grieta habida en todo, que ellos mismos pregonan,
porque el 90 % de los hechos noticiosos de la realidad son captados por el
ciudadano común, solo les queda la política para prevalecer.
