Brasil decide su futuro: la batalla definitiva entre la fe, las redes sociales y el infaltable churrasco
Los brasileños volvieron a las urnas para elegir entre el regreso del "Lulismo" a la vieja escuela y la dinastía Bolsonaro, mientras el resto de América Latina mira con pochoclos en mano.
Brasil amaneció en esa calma chicha que precede a la tormenta electoral. Más de 158 millones de ciudadanos fueron convocados a resolver la intriga política del año: la implacable segunda vuelta entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el heredero del clan de la derecha, Flávio Bolsonaro.
Después de semanas de una campaña cargada de chicanas, acusaciones cruzadas y menciones imprevistas a la economía argentina —donde la motosierra y la carne de burro terminaron colándose sin pedir permiso en los debates televisivos, mas los duros e inconcientes términos en que se refirió el pelucon argentino a Lula,- los votantes brasileños finalmente llegaron a las urnas con el mapa dividido en dos colores bien marcados: el rojo y el verdeamarelo.
El tramo final hacia el balotaje no dio tregua. La contienda se trasladó rápidamente de los actos multitudinarios a las redes sociales, con acusaciones de algoritmos favorables, denuncias cruzadas y el uso intensified de la inteligencia artificial.
En medio de la disputa, las referencias al plano local no tardaron en aparecer. Lula le reprochó a la oposición las comparaciones económicas con la región, mientras desde este lado de la frontera los festejos y reproches no se hicieron esperar, dejando a las embajadas intentando mantener la diplomacia a flote con una sonrisa comprometida.
"Un país donde la política se vive con la misma intensidad que un clásico en el Maracaná: nadie quiere perder, pero todos aseguran que la culpa es del árbitro."
Con el cierre de las urnas pautado para las 17 horas, el sistema de urna electrónica del Tribunal Superior Electoral (TSE) se prepara para arrojar los números definitivos a velocidad récord. Aunque Lula pidió extender el horario de votación hasta las 20,30 hs. y parece que se lo concedieron, nomas.
Como ocurre habitualmente en el gigante sudamericano, los primeros cómputos mantendrán en vilo a todo el continente. Resta ver si el ganador optará por un discurso de reconciliación nacional o si, como ya es costumbre, la mitad del país prometerá armar las valijas mientras la otra mitad sale a cantar samba en la calle.
¿Quién creés que terminará festejando al cierre del escrutinio y qué impacto pensás que tendrá este resultado para la región?
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