BAHIA BLANCA- ¡Por fin podemos respirar tranquilos! Tras casi dos largos años de épica espera, introspección urbana y meditación sobre la resiliencia, la ciudad de Bahía Blanca ha vivido su día de máxima gloria: ¡se inauguró el famoso puente de hierro de calle Libano !
Abran el champagne, llamen a los historiadores y preparen los libros de texto, porque este hito de la ingeniería moderna pasará a la historia como el día en que le ganamos una batalla... bueno, a un pedacito muy chiquito de la inundación.
Es imposible no emocionarse al contemplar semejante estructura. Mientras uno cruza este flamante puente de hierro, con ese inconfundible olor a pintura fresca y a cinta de inauguración recién cortada, puede disfrutar de una vista panorámica sencillamente deslumbrante: el canal de abajo sigue exactamente igual de destruido que hace dos años.
Es una verdadera obra de arte posmoderna. El contraste entre el hierro reluciente por arriba y los escombros colapsados por abajo le da un toque cyberpunk que ya quisieran ciudades como Tokio o Berlín. ¿Para qué arreglar el cauce del canal o reconstruir los paredones cuando podés poner una pasarela metálica y mirar el desastre desde una altura mucho más elegante?
Pero la fiesta no termina en el puente. Si celebrás la inauguración saliendo a dar un paseo en auto, la municipalidad te regala una experiencia interactiva inolvidable: las calles de la ciudad.
Bahía Blanca se ha consolidado como la capital nacional del pozo y el cráter. Las calles están tan "poceadas" que manejar de la casa al trabajo ya no es un trayecto diario, es el Rally Dakar. Esquivar un pozo en la avenida se convirtió en nuestro deporte olímpico local. Si lográs volver a tu casa con el tren delantero intacto y sin haber perdido un diente en un banquinazo en el camino, podés considerarte un conductor profesional.
Además, para mantener la biodiversidad y el folklore urbano, la gestión del espacio público ha implementado un innovador sistema de "puntos limpios descentralizados" (conocidos vulgarmente como basura tirada en cualquier esquina). Bolsas que flamean en los árboles como banderas patrias, restos de poda del 2024 que ya tienen su propio ecosistema, y montículos de escombros que funcionan como excelentes puntos de referencia para el GPS: "Gire a la izquierda en la montaña de bolsas plásticas".
ABSA colabora bastante con la realidad bahiense, dejando a libre estado, en todos los barrios de la ciudad, charcos de materia fecal y orinal, provenientes del sistema cloacal.
Lista de logros tras dos años:
Puente de hierro: 100% terminado (¡a festejar!).
Canal bajo el puente: 0% arreglado (pero se ve lindo desde arriba).
Calles pavimentadas: En proceso de convertirse en canteras a cielo abierto.
Recolección y limpieza: Estilo safari; la naturaleza reclamó lo suyo.
Reflexión final:
No seamos hipercríticos. Llevó casi dos años poner unos tirantes de hierro sobre un zanjón, pero el esfuerzo valió la pena. Ya tenemos puente. Ahora solo falta arreglar el canal, bachear 400 kilómetros de calles, juntar la basura de dos primaveras y esperar que no vuelva a llover muy fuerte. Mientras tanto, disfrutemos del viaje... si es que la amortiguación del auto lo permite.
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